[IN]visibilidad del circuito de arte independiente dominicano

Sobremesa es un programa creado por Casa Quién dedicado al debate informal desde la crítica de arte, y la reflexión desde el pensamiento crítico sobre el panorama de las prácticas artísticas contemporáneas en República Dominicana, la región caribeña y latinoamericana. En la primera edición, realizada en febrero, 2018, contamos con la participación de la historiadora de arte y curadora Sara Hermann (Centro León), Jorge González (Modafoca Galería), Engel Leonardo (artista), Maurice Sánchez (artista), Laura Castro (Sindicato), José Morbán (artista), Leandro A. Sánchez (periodista cultural), Marina Reyes Franco (historiadora de arte y curadora independiente/ PR), Amy Hussein (Casa Quién) y Yina Jiménez Suriel (Centro León), aportando ideas sobre la escena del arte contemporáneo dominicano. El siguiente artículo ha sido escrito por Leandro A. Sánchez, tomando como insumo principal lo expresado en la conversación, disponiendo ideas en un sentido cronológico y ampliándolas a partir de su propia investigación. Más allá de legitimizar y/o compartir textos de corte academicista, el interés de la Sobremesa es de servir como plataforma abierta a propiciar un diálogo e intercambio de ideas entre lxs distintos actores del sector.

Caminamos por vías ya recorridas por otros. Rutas trazadas que se nos hacen obvias hoy, pero fueron abiertas y transitadas con todas las implicaciones de lo que significa ser pioneros. Una consciencia que amerita tenerse cuando se revisa la actualidad y el devenir del desarrollo humano, con acento especial en la producción cultural de un territorio. Revisitar, reconocer, celebrar y acercarnos de manera crítica a labores y producciones que nos anteceden, se nos hace necesario para situarnos en el contexto y el momento que nos toca.

En la República Dominicana, resulta oportuno mirar nuestra historia reciente para avocarnos a un ejercicio consciente de retos y responsabilidades en los oficios del arte. Un mirar que ha de empujarnos a compromisos muy puntuales.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de independencia en el mundo del arte? Lejos de parcelas opuestas es importante hacer un análisis sobre su origen y trayectoria, basado en su propia gente, que no es más lo que promueve la criollización, concepto creado por el novelista, poeta y ensayista francés Édouard Glissant, que engloba la idea de un “consciente de sí mismo”, desarrollado en sus obras Sol de la conciencia (1956), Poética de la relación (1990) y Tratado de Todo-Mundo (1997).

Por eso, como si de un viaje por la memoria se tratase, y dejando a un lado que de cierta forma el circuito artístico ha emigrado a la zona metropolitana de la ciudad (caso Lyle O. Rietzel, Arawak y ASR Contemporáneo, por citar algunos), remontarse a sus inicios en el casco antiguo de la ciudad de Santo Domingo es el punto de partida.

Podríamos ubicar su gestación más temprana e informal en la Galería de Arte Moderno, aquel 27 de agosto de 1965, donde fue presentada una exposición organizada por el artista dominicano Silvano Lora como un acto de resistencia, la cual le costó ser nombrado “Enemigo de la Intervención Norteamericana”, ya que durante la Guerra de Abril mantuvo activo su quehacer cultural a través de grupos como “Arte y Liberación”. Destacar además que, preocupado por el difícil acceso de ciertas manifestaciones del arte popular a los canales oficiales, Silvano fue promotor de proyectos como la Bienal Marginal, creada para facilitar un intercambio cultural con los sectores marginados, donde se exhibían obras de artistas reconocidos junto a las de artistas emergentes. Más tarde, debido a su formación y militancia izquierdista fue por muchos años un exilado político del gobierno de Joaquín Balaguer. La vida y obra de Silvano es un claro ejemplo de la misión del arte independiente: tener la capacidad y voluntad de generar, pese a las vicisitudes.

Luego, en los 80, por razones de visibilidad y de contar con alternativas, surgen espacios emblemáticos como lo fue en su momento el Centro de Arte Noveau, que se erguía en la avenida Independencia esquina Pasteur. Con su deslumbrante fachada trastocó a la comunidad artística y estremeció a miles de transeúntes. El legendario Porfirio Herrera era su cabeza. Se atrevió a difundir arte contemporáneo y artistas “rebeldes”; aquellos que no tenían espacio en las galerías tradicionales, incluso la oficial del Estado solo hasta cuando fue su director. Todo artista dominicano que se consideraba "establecido", en aquel entonces, tuvo la oportunidad de exponer en este espacio de cultura que comenzó a dibujar los años 90. Esta nueva década trae a la escena local una nueva oleada de artistas que emigra del país en búsqueda de lo que no se propiciaba en la isla. Es la época de mentes como la de Jorge Pineda, Raquel Paiewonksy, Belkis Ramírez… quienes entendieron que sólo así podrían producir, pese a sus propios y/o limitados recursos económicos. Hoy día, la historia misma se ha encargado de otorgarles el lugar que merecen, junto a otros.

Durante esta época surgen también en la esfera caribeña una serie de eventos que intentaban unir al arte de la zona desde las instancias gubernamentales, pero por una u otra razón han fallado. La Bienal y Trienal del Caribe y Carifesta prometieron en su momento. Por eso, desde hace varios años se viene trabajando bajo la bandera de la independencia, como es el caso de la Ghetto Bienal o la Bienal Tropical, lo que nos lleva a cuestionarnos lo saludable del mercado del arte caribeño y las razones de carácter extra-artístico que han desencadenado este modus operandi… Han sido buenas prácticas, pero en cierta medida podrían considerarse “parasitarias” o efímeras, por el hecho de enfrentarse a factores que terminan destruyéndolas. El gusto por la globalidad les duró poco. Así lo expresó Luis Ortiz Monasterio en su ensayo El Caribe anglófono. La creación de una nacionalidad: “La utopía de Me Luhan y su aldea global se vio, de repente, rebasada por estremecimientos centrífugos, latentes, subyacentes, omnipresentes”.

En Dominicana, los nombres de Manuel Valldeperez y Marianne de Tolentino resultan esenciales durante este trayecto; primeros en introducir en la crítica local los términos arte contemporáneo e instalación, respectivamente. Por igual, la exposición “Curador Curado”, pieza fundamental del arte contemporáneo realizada en el Museo de Arte Moderno (MAM) en 2001, que alertó la necesidad de adaptar el papel tradicional del curador-historiador de los años 50-60 y que aún predomina en Latinoamérica, pues sus nuevos lenguajes y medios experimentales le obligan a evolucionar hacia nuevas metodologías más afines a nuestros tiempos.

Esta transformación histórica de superar la dependencia del arte y los artistas, bien de la estructura gremial de su oficio o del mecenazgo tradicional de la Iglesia o la Monarquía, ha convertido al artista en un agente individual dentro del mercado, que trabaja por su cuenta y enfrenta sus creaciones a la demanda del público, que puede entender (o no) la originalidad como un valor.

La figura del artista que no triunfa en vida y sólo es valorado por la posteridad tuvo sus máximos ejemplos en pintores como Vincent van Gogh o en poetas como Charles Baudelaire. No obstante, ser independientes no es tan fácil como se dice. Para eso se necesita capital, y por ende, “dependientes” (ya sea de apoyo institucional, becas/grants, entre otras vías de acceso al mismo). Es un binomio difícil de separar.

En República Dominicana y en aquellos países con realidades similares, los artistas que aún se destacan son los reconocidos por el Sistema. Pero, ¿Qué hace falta para erradicar esto?

Posiblemente, la falla está en la falta de compromiso crítico y de actuar bajo una misma postura, por parte del gremio. Y aunque el mercado del arte es capitalista, hay formas mantener y gestionar la producción artística-curatorial independiente, siempre y cuando sea desde iniciativas colectivas, no individualistas… Como nación no se ha logrado crear escena porque se vive en una constante “pelea de gallos” en la que cada quien lucha por sus propios intereses… Hay mucho por desaprender. Un claro ejemplo de que esto sí puede ser posible lo fue en su momento el Colectivo Generación 80, el colectivo Quintapata, y más reciente, Sindicato.

Conciencia de colectividad quizás sea el primer paso. El hecho de sobredimensionar a la “celebridad” puede llegar a ser un arma letal, ya que trae consigo el olvidar trabajar en conjunto, en equipo… crear una comunidad donde todos resulten enriquecidos.

Para nadie es un secreto que mantener un espacio de producción artística en República Dominicana, y donde sea, es un esfuerzo independiente. Se necesita constancia, pero no deja de ser una decisión arriesgada. Proyectos como Beta Local (Puerto Rico), Estudio del Sur y Flora Ars Natura (Colombia), son una muestra de que se puede. Aquí, iniciativas como Casa Quién, el Centro de la Imagen, Estudio Ele Siete y la galería de Lyle O. Rietzel, también lo son. Pero a pesar de las precariedades, que el “cansados de fracasar” no sea la vía de salida. Resignarse no es una opción.

Otro aspecto que pudiese estar afectando al círculo independiente es la ausencia de una cultura de discusión (sólo de complacencia)… la falta de una crítica sincera. Y estamos claros de que el arte contemporáneo puede romper con esto. A través de éste se pueden crear nuevos niveles de discusión, de lógica, pues la actual escuela de crítica dominicana no va acorde al lenguaje de nuestros tiempos. Por esta razón es pertinente buscar métodos contemporáneos para su abordaje; no argumentos o simples clubes de debate. Debe ser capaz de sostener una posición o retractarse a tiempo.

Actualmente, ¿se tienen las tablas para criticar? ¿Es válida la crítica “informal” a pesar de que a veces se desdeña o minimiza? RD está ávida de una crítica constructiva, que edifique, mas no contamine, ya que vivimos una época en la que cualquiera puede y se siente en la capacidad de hablar de todo lo que le parezca, cual erudito.

Ante la falta de sentido de colaboración, de figuras encargadas de gestar y aunar estos circuitos, de animar a las demás generaciones, debemos voltear la mirada, que cada quien actúe desde su posición. No se trata de destruir o desmaterializar ilusiones, sino de apoyar militantemente las inquietudes del sector, pues en muchos de los casos el dinero no es la preocupación sino el compromiso de los involucrados. Es entonces cuando surge nueva vez, en la memoria, la figura de Porfirio Herrera, quien a través de su titánica labor por un arte renovado, por su respeto a las generaciones anteriores, por sus sueños y entrega… le agradecerán siempre quienes trabajan en y por las artes visuales.

A pesar de las brechas que deben ser remediadas, de los prejuicios que desinforman y graves lagunas históricas, es hora de volver atrás a modo de insurgencia, cuasi una nostalgia. Nutrirnos de avidez por conocer, de no vivir en una burbuja o zona de confort, de promover el tan pronunciado networking y hacernos eco de una práctica vital en este medio, el mentoring, lo que permitiría a fin de cuentas la disolución de fronteras, el flujo de información y una comunidad artística más integrada y comprometida.

Vehículos. Una revisión

Artistas: Amy Hussein, Gabriella D'Alessandro, Joiri Minaya, José Morbán, Maurice Sánchez.

Para la existencia física en la realidad material o virtual, el arte recurre a los medios, los vehículos. La exhibición da cuenta de un análisis atento de los recursos empleados por los artistas de la galería para procesar y comunicar sus pensamientos e ideas y garantizar la performatividad visual y temporal de sus reflexiones versus el sentido único y estricto, apelando a la resistencia de diversos teóricos de los estudios visuales frente a la ontología esencialista de los medios.

Esta revisión de los modos de producir visualidad se plantea desde la premisa de cuestionar las maneras en que las imágenes construyen geografías, no desde el concepto estrictamente etimológico del término sino más bien en los significados que un imaginario popular ha construido en torno a dicha palabra, más que priorizar la inclusión de todos los medios utilizados por estos artistas.

Los diversos grados de abstracción en las obras de la exhibición, narran la geografía como espacio colectivo que supera la autodeterminación de lo individual, creando zonas de fricción y evidenciando aspectos del constructo territorial, cultural, natural y sociopolítico de un lugar en particular.

Dos consideraciones relevantes producto de este análisis son la importancia e insistencia en los públicos para consolidar los significantes de la obra, 'completarla'; y, por otro lado, la presencia y soporte de un archivo visual como fuente de construcción de un relato, al que estos artistas acuden para generar nuevas imágenes (reelaboración) y nuevos sentidos (resemantización), permitiendo identificar distintos entendimientos y aproximaciones en sus cuerpos de obra. Quizás por ello, estas crean una suerte de rebote entre ellas, redirigiéndose, retroalimentando y respondiendo en un diálogo infinito del que nos invitan a ser parte, a través del vehículo que facilita el desplazamiento.

Curadora: Yina Jiménez Suriel

De cierta manera

Sindicato en Casa Quien se gesta en un estado de colaboración entre dos proyectos de arte que en corto tiempo están redefiniendo la escena de arte en Santo Domingo. Las prácticas de colaboración y autogestión en el sistema de arte se activan por carencias, las mismas que terminan siendo un combustible para asumir riesgos personales y colectivos que permiten hacernos parte y creadores del relato de nuestro tiempo.

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Pasatiempo Nacional

Del 1 al 4 de Junio se celebra la Feria Internacional de Arte MECA, donde Casa Quien Galería figura como uno de los 9 Espacios seleccionados para MECANISMOS, su Sección Curatorial. MECANISMOS, una plataforma para galerías y espacios emergentes está bajo la curaduría de Carla Acevedo Yates (curadora independiente y curadora auxiliar en Eli y Edythe Broad Art Museum en MSU) 
 

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