Quiero ser alguien diferente o cómo el cine de los 90’s marcó un antes y un después en mi forma de crear.


por Victoria Linares Villegas

*preferible leer este articulo mientras suena The Muffs - Lucky Guy de fondo*

Los cineastas independientes de los 90’s hacían películas a cheles. Les aborrecían los arcos, los finales felices y las moralejas. Para la clase media americana no existía los cuentos de hadas como en los 80’s, solo desconsuelo e incertidumbre que llevaron a estos directores a realizar una película sobre el machismo, la sexualidad precoz y la cotidianidad en blanco y negro, una película sobre una adolescente embarazada y expulsada del colegio, un grupo de personajes que se entrelazan en un hoyo negro de miseria y la película que recoge todos los olvidados, bohemios, hippies, nerds que se rehúsan a caer en el consumismo.

Hablo por una generación de personas que alguna vez en sus vidas pensaron que trabajar en una tienda de videos era lo más cool del mundo, o para otros una tienda de música. Los 90’s siempre han llevado una cruz por ser la época de estrellas y boybands prefabricadas para luego derretirse en los 2000’s y aceptar su cruda realidad. Recuerdo que en mi niñez/ adolescencia pasaba infinitas noches en Mr. Movies, Movie Max o cualquier otro nombre que se le ocurriera al dueño del establecimiento de alquileres, hasta que al fin un día sin tener que pagar por recargos de un número significativo por haberme llevado de vacaciones “Saved” o “Babe” todo se desvaneció.

Ahora esos lugares no son más que un punto de vender taquillas de conciertos. Los 90’s para todxs lxs “weirdos” era un mundo de posibilidades y retratos tan significativos de problemas existenciales que hasta el sol de hoy, a mis 27 años de edad, es predominante. No pretendo ser la reina de los 90’s ni mucho menos. Solo quiero al menos de-estigmatizarlos de sus pensamientos y hablar de las películas que para mi, son las más emblemáticas del cine independiente americano. Sorry Tarantino. Hablaré de películas que entre los tops de los 90’s se destacan por una sola cosa:

“Quiero ser alguien en la vida pero no se como hacerlo así que seguiré siendo quien (creo) que soy.”

Clerks
¿Acaso nunca trabajaste en algo que odiabas? ¿Acaso nunca pensaste que tu vida será constantemente pisoteada por alguien que se encuentra por encima de ti?

 

Una película registrada en blanco y negro, sucia como el género musical que se destila en las vestimentas de los personajes. Clerks es una cinta sin ningún tipo de filtro y sin lujos, la cual rompió el esquema cuando salió a luz en 1994 recaudando más del doble o triple de su pequeño presupuesto. Kevin Smith se convirtió en el héroe de New Jersey, el vivo retrato de los jóvenes de pueblos que no pueden más que caer en las garras de la economía y aceptar la vida que cada uno de ellos creen que merecen. El mundo de Clerks es complejo y lo que a primera vista parece simple, no lo es.

El mejor rasgo de Kevin Smith yace en sus diálogos inteligentes, su comedia deadpan y el desarrollo de sus personajes que hasta el sol de hoy los puedo ver en The Forbidden Planet hojeando una novela gráfica o en espera de lo nuevo de Peter Bagge. Hay algo maravilloso en el hecho de que haya logrado hacer tantas cosas bajo un mundo tan limitado como el de una tienda de conveniencia al hacer entradas de personajes bizarros y hasta jugar hockey en el techo. Al fin y al cabo, llegas a conocer a Dante y Randal a través de diálogos más que de acciones, algo que me encuentro tan realista como cualquier otra cualidad de este filme.

Muchos directores hablan de cómo su amor por las películas nació por trabajar en tiendas de videos, pero nadie, sólo Kevin Smith logró realizar una película sobre su vida. Muchos la podrían juzgar superficialmente pero Clerks es una película auténtica donde los problemas de sus héroes visitan la tienda a diario, ya sea en un consejero que busca el huevo perfecto, la novia promiscua, el vendedor que ofrece goma de mascar para aliviar la adicción al cigarrillo, las especulaciones de los personajes enigmáticos y más que todas esas cosas nos habla sobre una sociedad que existe, una especie de transición donde te pasas la vida entera en el trabajo imaginándote la vida de otras personas, desocupando tu tiempo y evitando tus problemas.

Trust
“Tus padres harían lo que fuera dentro de sus posibilidades por querer de ti lo que no fueron ellos.”

Nunca podré olvidar como llegué a Hal Hartley, le tengo tanto aprecio a su filmografía que podría irme hasta la tumba agradeciendo a mi profesor y también diciendo que no logro entender porque nunca fue mencionado en ninguna lista, screw the mainstream audience. Sus filmes son ingeniosos, cómicos y sus personajes tienden a ser menos naturales por sus diálogos teatrales. Hal Hartley para mi es el Godard americano. El mundo de Trust evoca una tonalidad más madura, podría ser por la rudeza física y emocional de los personajes masculinos y la fuerte presencia de una adolescencia un poco abrupta en Maria Coughlin (Adrienne Shelly). Otra cualidad de Hartley es que retrataba la clase trabajadora de Long Island. Pareciera ser que estos directores se negaron a buscar historias en la gran manzana.

La película se regodea en la abundancia del estilo marcado de Hartley de como trata de decir la historia, haciéndonos pensar por momentos si verdaderamente existen personas y situaciones como tal. Dentro de sus formas erróneas ambos andan en búsqueda de sentimientos que se les fue negado en sus hogares, Maria y Matthew por momentos resultan ser un poco difíciles de empatizar. Sus vestimentas como una especie de opresión o forma de entender la personalidad de ellos o mejor me voy más allá: señal de crecimiento. Matthew, un tanto James Dean que anda por el mundo ofreciendo trompadas a cada persona que le resulta asqueante por el simple hecho de estar agobiado y cansado de un mundo que utiliza su creatividad para objetos que repudia y piensa que es el cáncer de la sociedad: la computadora y la tv. Maria, con aspecto Bardotsiano, resulta ser una persona que al igual que casi todos en el filme no tiene miedo de que su subconsciente hable en voz alta.

La verdad que es tan difícil categorizar esta película porque trata de tantos temas a la vez, hasta en lo visual (la escena de la doctora llegando a la clínica de aborto). Sugiero no pensar en un guión convencional (Syd Field ni cualquier libro que te enseñe el Hero’s Journey) cuando veamos una película de Hartley, pensemos mejor en como Brecht veía y hacía teatro.

Happiness
“Quien soy es sumamente desastroso. No hay escapatoria.”

 

Aunque todos los mencionados anteriormente resultan ser realistas en su retrato, ninguno de ellos recurren al sadismo y la comedia negra como Todd Solondz. En su filmografía no hay una luz brillante al final del túnel. Si crees que The Office es lo suficientemente cruel, te aconsejo que le des a pausa por un rato y veas cualquier película de Solondz. Aquí, un poco más allá que Hartley, Todd Solondz nos dice que hasta las peores personas, después de todo, son seres humanos.

Happiness fue estrenada en el 1998 y causó una conmoción en todas las personas que la vieron. Como bien dicho el título habla sobre la búsqueda de la felicidad de sus personajes con una narrativa compleja de la cual probablemente te acuerdes de una o dos historias. Personajes sin una moral, plenamente miserables que hacen lo que pueden dentro de su poder para poder buscar la felicidad. Colores brillantes, un suburbio perfecto, un vestuario con mucho escrutinio, un soundtrack con canciones optimistas pero con una trama lejos de ser perfecta y feliz, nos hacen ver que nos enfrentamos al maestro de la ironía. Happiness no solo retrata los suburbios americanos sino que lo destroza y nos insinua que el desconsuelo no solo se viste de clase media trabajadora sino que mientras más perfecto los exteriores, más jodidos los interiores.

Solondz es un maestro en visualizar en pantalla la miseria de sus personajes, el desconsuelo sin escapatoria y los horrores de la cotidianidad con tanta sensibilidad y crueldad. De cualquier manera que te lo ponga, Solondz hace películas con el interés de sacarte lo reprimido de adentro de la forma más feroz porque nunca se atreve a juzgar en lo más mínimo a sus personajes.

Todd Solondz nos apunta con el dedo y se ríe porque cuando vemos sus películas estamos en el rincón más oscuro de nuestros pensamientos. Después de Happiness los dramas de suburbios nunca serán iguales. New Jersey nunca será lo mismo. Antes que Jersey Shore al menos.

Slacker
“El insoportable pesar del ser”

 

¿Qué hacemos con lo que tenemos? ¿Qué queremos hacer? ¿Lo qué hacemos está bien? ¿De qué me vale aprender si no lo puedo ejercer? ¿De qué me vale saber del cosmos?¿De qué me vale este pap smear de Madonna?

En todo caso, siempre habrá una película que resulta estar en el top de la cabeza de cada amante del séptimo arte cuando se le habla de los 90's. El cine europeo siempre fue y será para los “snobs” que se sientan en una sala de cine a ver personas hablando por un metraje de 1:45 para luego caminar a sus casas y filosofar sobre sus vidas. Richard Linklater que más bien fue el vocero de la Generación X de un Estados Unidos decadente, no le importaban películas taquilleras, el soñaba con ser otro más de la ola surrealista o un Bresson o un Rohmer.

A puro dolor mientras Soderbergh hacia Sex, Lies and Videotapes, Linklater con su dinero y el de sus padres realizó Slacker. Luego ser llevada al cine por el mismo. Amado en Austin y olvidado en todo el resto de Estados Unidos en el momento. Richard, quien vió una oportunidad en retratar a los vagos, estudiantes de universidad, personas varadas en el medio de la calle ya sea con los pies en el pasado o en un abismo existencial del que no pueden salir. Linklater no solo retrato a sus compañeros como su aprendiz Kevin Smith hizo, sino que en ese pequeño mundo abarcó a todo tipo de personas: mujeres, ancianos, hombres trabajadores, niños, universitarios, taxistas, yuppies, stoners, freaks, toda una generación de comprendidos e incomprendidos en una especie de día interminable. Interminable como la vida de los que vagan constantemente por el mundo sin una respuesta. Los 90’s para todos ellos era eso.

Al final, Linklater le hizo un homenaje a la literatura rusa. Aquella que es pasiva, obsesiva y de larga duración. Slacker fácilmente es como cualquier novela de Dostoievsky, de esas que te dejan como un efecto placebo. Slacker es de índole punk. Junto a Jim Jamursch, Linklater fue el representante del nihilismo y el punk. Si Jamursch tenía a Tom Waits, Linklater tenía a los Butthole Surfers.

Lo más importante es que estos filmes tienen en común más de una sola cosa, pero cabe destacar esto: ninguno de sus directores juzgan a sus personajes por llevar una mala vida. Como bien dijo mi amigo, Diego Cepeda sobre Slacker: la cámara como aquella máquina narradora capaz de unificar las voces sin realizar ningún tipo de juicio sobre las mismas, yo digo que es lo mismo para todos estos directores que planteo.

Otras películas que deberías de ver:

  • Metropolitan de Whit Stillman
  • Kicking and Screaming de Noah Baumbach
  • Citizen Ruth de Alexander Payne
  • Safe de Todd Haynes
  • Go Fish de Rose Troche
  • Chasing Amy de Kevin Smith

Sobre Victoria Linares Villegas:

Directora, guionista y editora (Santo Domingo, 1988) graduada de UNIBE en Comunicación Publicitaria y luego parte a la ciudad de Nueva York a estudiar Producción de Cine en The New School. Desde muy temprana edad se vio rodeada de literatura, nieta de un poeta dominicano emergente de la generación del 48. Pasó la mayoría de su infancia y adolescencia adquiriendo conocimiento y desarrollando su destreza, siendo él totalmente culpable de su amor por las artes. Ha realizado varios cortometrajes, 2 poemarios y fue parte de un taller de escritura creativa donde llegó a publicar un cuento corto. Cabe destacar que ha sido premiada varias veces y actualmente se encuentra en la post de su primer largometraje.


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